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La importancia de la inmunonutrición

Entrevista a Sonia Gómez

En los últimos meses, la Inmunonutrición ha cobrado relevancia, especialmente por el interés en reforzar el sistema inmune. Pero también ha habido cierta apropiación de este término. ¿Qué es, y qué no es, Inmunonutrición?

La Inmunonutrición es la ciencia que estudia la relación entre la Nutrición, la Inmunidad, la Infección, la Inflamación y la Injuria o daño tisular, en la que se ven involucrados los sistemas endocrino, nervioso e inmune, incluida la microbiota como parte de este último. Y no es considerar que algunos alimentos por sí solos tienen capacidad sanadora. Cuando se estudia el efecto de un nutriente concreto sobre las defensas, es necesario revisar cómo se adaptan los mecanismos subyacentes a dicho efecto, ya que se ha visto que el sistema inmune tiene capacidad de adaptación a pequeños cambios.

Algunas vitaminas y minerales (A, B6, folato, B12, C, D, E, Cu, Fe, Se, Zn) tienen un papel destacado en el funcionamiento del sistema inmune, y así lo constata la EFSA. Pero hay mucho más. ¿A qué otros compuestos inmunomoduladores deberíamos prestar atención?

Estos micronutrientes cumplen funciones inmunomoduladoras y de protección de las células al daño oxidativo, reduciendo la susceptibilidad del huésped a sufrir infecciones. Pero no podemos olvidar que algunos macronutrientes, como los hidratos de carbono y las grasas, de manera dosis-dependiente, también ejercen su efecto. Los azúcares simples, grasas saturadas y ácidos grasos poliinsaturados omega-6 tienen un efecto proinflamatorio. En cambio, los hidratos de carbono complejos, los ácidos grasos poliinsaturados omega-3 y los ácidos grasos monoinsaturados (en particular, el ácido oleico) presentan una acción antiinflamatoria, como ejemplo.

De manera general, ¿tiene sentido que los profesionales se centren en nutrientes o compuestos bioactivos específicos, o se debería apostar por promocionar de manera general la alimentación saludable para mantener la salud?

Desde nuestro punto de vista la primera norma a tener en cuenta para el mantenimiento de la salud es una alimentación equilibrada, variada y moderada. Desde la edad fetal, el aporte de todos los nutrientes resulta imprescindible para el desarrollo del sistema de defensa y su posterior maduración y evolución, sin olvidar el efecto que tiene dicha nutrición equilibrada en la diferenciación, mantenimiento y activación de las diversas líneas celulares que participan en la respuesta inmunológica. Aunque, no por ello, debemos olvidar y profundizar en el conocimiento de compuestos bioactivos específicos.

En situaciones patológicas, la suplementación de algunos nutrientes resulta útil. ¿Cuáles son, y en qué situaciones?

Por supuesto, ante una patología provocada por la deficiencia de algún nutriente o en aquellas enfermedades en las que podamos estimular alguna vía metabólica alterada y que permita la recuperación de las alteraciones producidas por la misma, la suplementación es aconsejada. Pero siempre, deberá realizarse bajo criterios específicos y estrictos, ajustados a las características del individuo o grupo poblacional, con el fin de evitar patologías subyacentes por dosis altas o excesivas. Un ejemplo a nivel general es la deficiencia de Yodo en algunas poblaciones conocida desde hace bastante tiempo o la deficiencia de vitamina D, detectada últimamente y relacionada a los cambios en el estilo de vida.

En España, ¿hay algunos nutrientes, compuestos o alimentos relacionados con la inmunidad a los que deberíamos prestar más atención?

En mi opinión y teniendo en cuenta que deficiencias marginales, excesos crónicos o incluso el desequilibrio entre nutrientes pueden producir alteraciones importantes en nuestros mecanismos de defensa, las ingestas de algunos nutrientes como el hierro, el yodo y la vitamina D deben ser vigiladas en España. Según los últimos estudios, parecen ser nutrientes deficientes en un porcentaje importante de la población. Sin embargo, no podemos olvidar, por ejemplo, la ingesta de fibra que también es deficitaria en nuestra población o el equilibrio de ácidos grasos n3/n6.

Sabemos que, en muchas enfermedades crónicas no transmisibles, como la obesidad, existe un componente inflamatorio. ¿Cómo puede la inmunonutrición ayudar a prevenir y mitigar esta situación?

Es una pregunta muy interesante, porque la obesidad se relaciona con una desregulación de la función inmune y una inflamación crónica de bajo grado, que puede ser responsable de un mayor riesgo de infección y de enfermedades crónicas no infecciosas. De hecho, en estos momentos, se ha visto por ejemplo que las complicaciones de la pandemia de COVID19 que estamos sufriendo parece tener efectos más negativos en población que presente obesidad previa a la infección. Hay que destacar que determinados componentes de los alimentos como antioxidantes, vitaminas, flavonoides vegetales, ácidos grasos n3 de cadena larga, prebióticos y probióticos, poseen un efecto protector frente a condiciones inflamatorias crónicas como la que caracteriza a la obesidad. Además, es de destacar que la manipulación intencionada de la microbiota parece constituir una herramienta más para reducir la prevalencia de obesidad, sin olvidar cuidar otros hábitos como la actividad física, que también influyen beneficiosamente tanto sobre la inmunidad como la propia acumulación de grasa en el organismo.

El uso de probióticos y prebióticos están ya a la orden del día. ¿Qué papel juega la microbiota intestinal en la regulación de la respuesta inmunitaria? ¿La suplementación resulta útil?

Pues la verdad es que son unos buenos inmunomoduladores. Concretamente actúan tanto a nivel de la composición como de la actividad de la microbiota intestinal regulando los mecanismos de defensa del organismo. Aunque se ha observado su efecto tanto sobre la respuesta innata como sobre la específica, en individuos sanos el efecto puede no ser tan evidente dada la propia adaptación del sistema inmune. Sin embargo, existe evidencia sobre el efecto beneficioso de su suplementación en determinadas situaciones como alergias alimentarias, intolerancia a la lactosa, enfermedades inflamatorias intestinales como la colitis ulcerosa, diarrea crónica y en enfermedades metabólicas como la obesidad y la diabetes tipo 2.

¿Qué veremos próximamente en el campo de la inmunonutrición?

Como ya he comentado, no solo la dieta como conjunto de alimentos es la única responsable de la modulación/alteración del sistema inmunitario, sino que otros factores externos que determinan el estilo de vida (como son el estrés, la actividad física, el sedentarismo, el sueño, el consumo de alcohol o el tabaco) e internos, como la genética y el microbioma, son determinantes para la salud. Además, los ritmos circadianos modulados por la alternancia entre ingesta y ayuno, luz y oscuridad, tienen su efecto sobre las defensas del organismo. Por todo ello, estamos dirigiéndonos hacia una nutrición personalizada en la que se pueda determinar cuál de todos los nutrientes son los más convenientes para cada individuo dependiendo de sus características propias.