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La Alimentación Consciente o Mindful Eating

Violeta Moizé

¿Cómo podemos, desde la consulta, motivar a la persona a hacer cambios positivos en sus hábitos alimentarios, sin generar culpabilidad por sus hábitos actuales?

De hecho, lo que no podemos es generar culpabilidad al paciente por sus hábitos actuales. Luego, si eso sucede, difícilmente motivará cambios sostenibles en el tiempo (que es el objetivo principal). Los hábitos alimentarios de una persona son, en gran medida, el resultado de la interacción de múltiples factores, entre los que encontramos las costumbres y educación recibida durante la infancia, la accesibilidad a los alimentos (saludables y los no tan saludables), los gustos y valores relacionados con la alimentación, entre otros. No todos estos factores pueden ser controlados por la persona. Cuando un paciente quiere cambiar su alimentación y/o estilo de vida acude a vernos, hemos de aprovechar ese privilegio y ayudar. Sin juzgar.

Conocer su entorno familiar, social y cultural, los valores que tenga con respecto a la alimentación y la salud, y sus preferencias, así como sus experiencias previas nos ayudará a plantear, de manera conjunta, estrategias realistas para ese paciente en concreto. En el tratamiento de la obesidad, como en la mayoría de las enfermedades crónicas, una única talla no vale para todos (del término inglés “one size doesn’t fit all”). La respuesta corta a la pregunta seria: escuchando.

Mindfulness (atención plena), mindful eating (alimentación consciente), alimentación intuitiva, coaching nutricional... ¿son estrategias interesantes para personas que quieren mejorar su relación con la comida, tengan o no exceso de peso?

El papel de la atención plena, la alimentación consciente y el concepto tal vez más novedoso de alimentación intuitiva para cambiar los hábitos alimentarios es un área de creciente interés.

La alimentación consciente se ha relacionado con mejoras en la salud física y mental y se ha sugerido su eficacia para abordar la obesidad y los trastornos alimentarios al disminuir los episodios de ingesta por atracones, que, en parte, pueden en algunas personas contribuir a la ganancia o recuperación de peso perdido.

Una revisión de la literatura (Warren et al., 2017) que incluyó 68 publicaciones (intervenciones en personas con obesidad o sobrepeso, con normopeso y estudios observacionales) concluyó que los enfoques basados en la atención plena parecen efectivos en el tratamiento de la ingesta por atracón, la alimentación emocional y la alimentación en respuesta a señales externas.

Por otro lado, el coaching nutricional no es propiamente una estrategia, y depende mucho de la formación, experiencia y profesionalidad de quien la lleva a cabo. Puede ser una etiqueta que oculta el intrusismo y o personas que intencionadamente omiten detalles sobre su formación de base, para poder llevar a cabo prácticas para las cuales no están cualificados (¡aunque tengan la mejor intención!). Esto banaliza el problema de salud y en algunos pacientes genera frustración derivada de múltiples fracasos por proponer tratamientos milagrosos o poco realistas. Es muy importante acudir a un profesional especialista en alimentación (el dietista-nutricionista colegiado), quien tras evaluación de cada caso valorará la necesidad de consultar a otros profesionales que formen parte del equipo multidisciplinar para el tratamiento del sobrepeso y la obesidad.

Recientemente participabas como ponente en un seminario sobre los nuevos abordajes de la obesidad que tenía como título “Ni calorías, ni culpas” [disponible en YouTube, en catalán], en el que se señalaba la importancia de poner el foco en la mejora del estilo de vida de la persona (e indicadores de salud) y no centrarse en la pérdida de peso como único objetivo. De manera muy resumida, ¿qué es lo que ha llevado a este cambio de paradigma en el abordaje dietético de la obesidad?

La causa es la evidencia científica. El reconocimiento de la obesidad como enfermedad crónica y la lucha contra el estigma. Múltiples estudios, llevados a cabo en poblaciones diversas, han demostrado que es difícil adherirse a una restricción calórica elevada y lo más importante, mantenida a lo largo del tiempo. Hay barreras, difíciles de superar. Por otro lado, sabemos que llevar a cabo una alimentación saludable tiene ventajas para la salud que son independientes de la pérdida de peso. El cambio de paradigma es imperativo. El tratamiento ha de estar centrado en la persona, quien forma parte de las decisiones terapéuticas.

Actualmente sabemos que no se debe responsabilizar a la persona con obesidad de la pérdida o no de peso. ¿Qué factores son responsables de la pérdida y escapan a la voluntad de la persona en relación con su peso?

Son varios los factores que se oponen a la pérdida (o recuperación) de peso, y no acontecen por igual para todas las personas que padecen obesidad. Desde los factores que motivan la ingesta (emocionales, regidos por el sistema de recompensa y deseo de comer un determinado tipo de alimento) hasta los factores de regulación del balance energético, o la presencia de barreras para adherirse a una determinada dieta… Han de ser considerados y lo que es más importante, discutidos con nuestros pacientes. Si bien la pérdida de peso necesita restricción calórica, los mecanismos homeostáticos y hedónicos asociados a la ingesta se regulan de manera involuntaria.

En el seminario, se citó la guía de práctica clínica para obesidad de Canadá como ejemplo. ¿Cuáles son los principales cambios respecto a otras guías de las que disponemos actualmente?

Las guías clínicas son documentos publicados por sociedades científicas que, tras extensas revisiones de la literatura, nos proponen una guía de actuación. Por eso, son documentos que se van actualizando en el tiempo y reflejan las últimas novedades científicas. Tal y como ya sucedió con otras guías europeas (EASO, 2019) los pacientes forman parte del comité editorial. Se centran en eliminar el estigma asociado a la enfermedad y en el reconocimiento de la obesidad como enfermedad crónica. Así, sus recomendaciones respetan esos principios, por eso, no proponen abordajes poco realistas y, sin embargo, proponen llevar a cabo pequeños cambios en la alimentación, alcanzables y realistas que puedan aportar beneficios claros para la salud. Un punto clave, es tener una buena y nutritiva relación entre paciente y terapeuta, basados en el respeto mutuo y donde paciente y terapeuta están a un mismo nivel. Pasamos de un modelo que hasta hace poco era paternalista (lo sigue siendo, aunque de manera cada vez menos frecuente) a un modelo basado en el pacto, con la toma de decisiones compartida y basada en la entrevista motivacional.

El “balance energético” ha quedado desfasado como pilar único para explicar la ganancia o pérdida de peso. ¿Dónde se sitúan las dietas con déficit calórico en los nuevos abordajes nutricionales de la obesidad o el exceso de peso? Debemos enfocarnos en dietas más cualitativas que restrictivas, ¿o hay un punto medio en el que deberíamos quedarnos?

Lo que ha quedado desfasado es que el control del balance energético es controlable exclusivamente por la persona que vive con obesidad. El balance energético negativo es determinante para perder peso, pero alcanzar y mantener ese punto es extremadamente complejo. Sin duda hay que focalizar en introducir alimentos favorables en nuestro organismo, alimentos compatibles con la salud, evitar los alimentos malsanos y fomentar diariamente la actividad física, sobre todo la de fuerza y resistencia.

En tu opinión, ¿qué herramientas o estrategias debemos potenciar los dietistas-nutricionistas para generar mayor adherencia a unos hábitos alimentarios saludables en nuestros pacientes?

No solo los dietistas-nutricionistas, sino todos los terapeutas que comprenden el equipo multidisciplinar de atención al paciente que vive con obesidad han de conocer bien los mecanismos fisiopatológicos y ambientales que contribuyen al desarrollo y mantenimiento de esta enfermedad. Además, es imprescindible adquirir competencias en la entrevista motivacional para tener una buena relación con el paciente, basada en el respeto y en la empatía. Entender como un privilegio el poder contribuir al cambio de vida de nuestros pacientes. Lo demás, el desarrollo de estrategias y habilidades se adquiere con el tiempo.

Warren JM, Smith N, Ashwell M. A structured literature review on the role of mindfulness, mindful eating and intuitive eating in changing eating behaviours: effectiveness and associated potential mechanisms. Nutr Res Rev. 2017 Dec;30(2):272-283. doi: 10.1017/S0954422417000154. Epub 2017 Jul 18. PMID: 28718396.